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Cultura del pan · Julio 2026 · 3 min

El pan rallado del candeal, un aprovechamiento con oficio

El candeal que sobra no se tira: se convierte en pan rallado. Es uno de los aprovechamientos más sencillos y agradecidos del oficio. La miga prieta del candeal, tan característica, se seca bien y da un rallado fino y consistente, con más cuerpo que el que se compra en bolsa.

Para hacerlo en casa basta con dejar el pan a la intemperie un par de días, hasta que esté bien seco. Luego se ralla o se tritura. Si tienes prisa, un rato de horno suave termina de secarlo. Guárdalo en un bote cerrado y en sitio seco: aguanta semanas sin problema. Un consejo: mézclalo con un poco de ajo y perejil picados y tendrás un rebozado con más gracia.

Este rallado luce en filetes empanados, en croquetas, gratinado sobre unas verduras o espesando un guiso. La corteza del candeal, más tostada, aporta un punto de color y sabor que agradecen los platos de cuchara. Es la manera de que una hornada siga dando de comer varios días después.

En el obrador de Mayorga trabajamos así desde siempre: el pan tiene recorrido más allá del día que sale del horno. Si te pasas a por tu candeal, pregúntanos y te contamos cómo sacarle partido hasta la última miga.